20.1.17

Maestras de la fotografía: Mary Ellen Mark


He de confesarlo: hasta hace unos días no conocía a Mary Ellen Mark. Y, tras conocer su trabajo, no entiendo cómo no la conocía, pues éste es alucinante, demoledor, emocionante, inmenso (no sólo en calidad: también en cantidad), además de que tiene alguna cosa con la que me identifico como es el uso del blanco y negro y el color (aunque he de reconocer que para ella el color es algo extraordinario, limitado a un reportaje en particular). Ahí acaban las comparaciones con esta maestra de la fotografía.

Americana de Pennsylvania, nacida en 1940, Mary Ellen llega a Nueva York a finales de los 60, en medio de una vorágine social y política que marca su trabajo desde el principio y que será la base de su forma de hacer las cosas en el futuro: la implicación.



"Hay dos opciones cuando tiras una fotografía: o eres un observador o participas en ella" y ella, una luchadora como pocas, se metió hasta la médula haciendo de la prostitución, al drogadicción, la soledad, las enfermedades mentales y cualquier otra temática social parte de su obra. También participó como fotógrafa en muchas de las películas de aquellas época, entre las que destacaremos 'Apocalipsis Now' y 'Alguien voló sobre el nido del cuco', lo que le permitió tener relaciones constantes con el mundo del cine en paralelo a su trabajo más comprometido. 



"Tuve suerte de vivir en una época en las que las revistas necesitaban este tipo de fotos", y las tiraba  metiéndose hasta el fondo en lo que fotografiaba. Su primer bombazo proviene precisamente del reportaje que realizó sobre la película de Milos Forman, donde tuvo que estar en el Hospital Mental de Oregón y donde conoció las mujeres que estaban en la zona llamada Ward 81. May Ellen consiguió un permiso y, en el año 1976, vivió durante 36 días dentro de este apartado para mujeres enfermas mentales graves, fotografiándolas en lo que vino a ser uno de sus primeros libros. El acercamiento descarnado, pero también sincero y comprometido, hizo de ese trabajo uno de sus primeros éxitos.




"Mis fotografías son emocionales [...] Deben hacer sentir a la gente". Sin dejar la temática social, sus siguientes trabajos la llevan a la India, donde fotografiará los prostíbulos de Falkland Road en Bombay. Pero es en 1983 en las calles de Seattle, considerada la mejor ciudad para vivir de los Estados Unidos, donde vuelve a liarla fotografiando un grupo de jóvenes (casi niñas) prostitutas y sus amigos y en donde vuelve a implicarse con ellos hasta límites que hoy en día nos parecerían absurdos. A raíz de este trabajo publicó el libro Streetwise e incluso se hizo una película que dirigió su marido.  La implicación con estos chicos es tan potente, que incluso ha estado fotografiando la vida entera de una de esas pequeñas prostitutas llamada Tiny.




Mary Ellen Mark por entonces ya es una celebridad y a partir de ahí hace todo tipo de trabajos, unos más comerciales, otros más en el campo del retrato, aunque siempre sigue poniéndonos ante el espejo de los perdidos, de los desesperados, de los sin casa, de los enfermos. Pero también de la sociedad en la que vive. Publica en revistas como Life, Rolling Stone o Vanity Fair, pero sobre todo publica fotolibros.



Uno de los aspectos que más me ha interesado, aparte de su fotografía emocional y directa, es el tema técnico. Típicamente ha tirado con todo tipo de cámaras, normalmente en blanco y negro (es lo que pedía el fotoperiodismo en aquellos tiempos) pero en un momento determinado conoce la Polaroid 20x24. Ésta es una cámara que hace fotografías instantáneas de (aproximadamente) 60x50cm. Sólo la cámara pesa 100 kg, y cada foto del orden de 100$, pero Mary Ellen ha formado parte de una pequeña lista de fotógrafos que la ha utilizado de forma intensiva. Basta mirar en su web para hacerse idea del potencial que tiene esta técnica en la que de cada foto sólo existe una copia y que tiene que estar perfecta pues si sale mal, hay que tirarla entera. Es muy interesante su serie sobre gemelos (Twins) realizada completamente con esta cámara (las imagen de color de abajo no es suya, es simplemente para que veas qué pinta tiene la cámara y una foto polaroid de autorevelado de esas dimensiones).





"Cuando doy clases, les digo a los estudiantes que usan cámaras digitales que no miren la pantalla al tirar una foto. Si miras, puedes pensar que ya tienes la foto, pero nunca sabes si la tienes, y siempre tienes que forzar más para conseguir tenerla. Si no miras la foto te obligas a seguir buscando la mejor imagen". Voy a pillarle este consejo a Mary Ellen Mark, porque es cierto que la tecnología nos ayuda en lo técnico, pero nos despista en lo básico. Y mirando sus fotos no cabe duda de que Mary Ellen sabía lo básico de una buena fotografía: emocionar e interrogar al espectador.


En la wikipedia pone que Mary Ellen murió en 2015. Pero nos queda su legado. En su página web, de donde he sacado casi todas sus fotos, tenéis para perderos un rato. Las frases que he entrecomillado son una interpretación/traducción libre de declaraciones suyas pilladas de este video.

30.12.16

Recapitulando 2016

Bueno, pues esto se acaba. Me refiero a 2016, aunque si miramos cómo está el mundo es posible que la misma tierra o sus habitantes no duren mucho más. En cualquier caso casi todos los años que he tenido esto abierto he hecho alguna entrada de cosas que me han molado del año que finaliza, y este año no voy a ser menos ;-)

En primer lugar, 2016 ha sido el año en el que he vuelto a escribir algo aquí. La falta de tiempo, la pertinaz desgana o el no tener muy claro qué quiero dejar escrito han hecho que no me prodigue en exceso, pero bueno, menos es nada, no?. Para mis lectores, un saludo muy grande y espero poder contar más cosas y poner más fotos aquí. No desesperéis. Aunque ya sé que muchos venís sólo porque desde mi página se enlaza fácil a la Academia del Hombre Revenido que siempre es más entretenido de leer :-P

Desde un punto de vista cultural si no tengo tiempo para casi nada, menos para ver series, leer libros o ver cine que eventualmente pudiera recomendar. En cualquier caso un año es muy largo, y aunque no puedo hacer extensas listas, sí comentar alguna cosa de libros, cine, música y fotografía. Este año he leído tres libros muy interesantes. El primero ha sido el libro Postcapitalismo de Paul Mason. Me ha abierto mucho la mente y ha aportado ideas y un cierto alivio de pensar que hay gente desde la izquierda que está pensando cómo sobrevivir al armagedon desde un punto de vista -que yo considero- racional. El segundo es el Libro de los Baltimore, de Joel Dicker. La verdad es que cómo narra este chico, precisión suiza le dicen. Me ha tenido tremendamente entretenido. El tercer libro es Los recuerdos del Fénix, de Aitor Villafranca. Un libro que cuando lo empiezas te cuesta dejar de leer y que mezcla una fantasía que parece sacada del Universo de Murakami con una profundidad interior absolutamente descarnada y que puede llegar a recordar en ocasiones al mundo de Auster. Todavía no les alcanza, obviamente, pero me ha encantado este pedazo de novela que desde luego recomiendo sin dudar a los que quieran pasar un rato entretenido con un relato exquisitamente escrito. Además es amigo mío y me firmó un ejemplar, ea.


Sigo viendo películas de forma habitual, pero he de reconocer que el mundo 'indie' del cine no es lo mío. Lo intenté con The Lobster, que me pareció entretenidilla (y rara-rara) pero no me enganchó. Lo intenté con Puro Vicio, pero aunque me gustó más que la anterior, no llegó a dejar mucha huella en mí. Lo mío es el cine de toda la vida, historias bien contadas y ritmo argumental y visual. Aunque tampoco son de 2016, mis películas favoritas que he visto este año son Un día perfecto, de Fernando León de Aranoa y Spotlight, de Thomas McCarthy (como me cuesta ir al cine, al final veo las películas con 6 meses de decalaje). Ambas dos son películas contundentes, bien contadas y con un punto que te transmite una cierta tranquilidad al saber que no todo el mundo está loco y que no todo está perdido. También me pareció tremendamente entretenida La gran apuesta, aunque en otro nivel. Tengo esperanzas en El olivo, pero aún no la he visto.


Musicalmente, como todos los que tenemos una edad, acabamos oyendo canciones y álbumes de nuestro pasado y de las cosas que ya nos han gustado siempre. Cuando no lo tengo claro, Spotify siempre está ahí con listas chungas y sugerencias sugerentes... (claro que si tu hijo está compartiendo la cuenta y escuchando Metal a saco, la cosa se estrecha un poco...). Pero si tengo que quedarme con algo de este año, es con el último disco de La Raíz, Entre Poetas y Presos, y con su directo en uno de los mejores conciertos de mi vida - a pesar de ir sólo porque a nadie más le gusta jeje.  


Desde un punto de vista fotográfico, no he comenzado este año todavía el proyecto que tengo en mi cabeza desde enero de 2016. Necesito tiempo, preparación y hacer las cosas como quiero hacerlas. Eso no lo puedo hacer en este momento, aunque muchas de las fotos que hago y veo van orientándose hacia ese proyecto, que un día de estos empezará a gestarse. Os recomiendo echar un vistazo a David Martín Castán, fotógrafo que consigue que no pueda empezar mi proyecto sin intentar acercarme un poco a la calidad de las imágenes que muestra. Echarle un vistazo, que os gustará.


Y finalizaré esta entrada con un enlace a mi página web, que espero remozar un día de estos con un contenido un poco más específico. En ella muestro una selección de 25 fotografías de las aproximadamente 4400 (3400 D600 + 1000 iPhone) que he tirado este año. Son casi mil menos que el año pasado, pero si en algo voy ganando con los años es que cada vez disfruto más tirando, cuando puedo, y cada vez me gustan más las fotos que acabo seleccionando y mostrando en general. Nunca he sido bueno en autopromoción, pero cada vez soy mejor en autosatisfacción ;-). Este año he utilizado la cámara del móvil de una forma más consciente, e incluso he llegado a publicar una galería tirada sólo con él. Pongo más fotos en color y me va costando un poco más el blanco y negro. De hecho, antes decía que el color sólo había que ponerlo cuando tenía algo que aportar a la foto. Ahora me parece al revés, hay fotografías que sólo pueden ser en blanco y negro: esas son las que trato de buscar y trato de no forzar el resto al blanco y negro porque sí. Como siempre, me salen galerías mixtas color-b&n que van en contra de un estilo específico, pero yo es que, a mi edad, no me acabo de definir.

Y sin nada más aquí queda esta mi última entrada del año 2016 en el que volví a reencontrar mi pequeño blog. Un saludo y feliz entrada de 2017.

26.12.16

Hallelujah

He visto hoy un video de estos virales en el que una niña (parece ser que) autista, que canta en un coro de un cole de Irlanda del Norte, interpreta la canción Hallelujah de Leonard Cohen.






Independientemente de la canción, que acumula visitas y visitas gracias a la voz de la niña y posiblemente a su discapacidad, al ver los chicos irlandeses con sus uniformes me he acordado de la segunda o tercera entrada de este blog allá por el año 2009. En ella os presentaba, como una primera entrada sobre maestros de la fotografía, algo del trabajo de Jock Sturges. Pero aquella entrada fue un poco frustrante porque yo quería poner las fotografías de Jock Sturges de la serie Scoil Mhuire tomadas en un colegio de Irlanda, más concretamente en Clifden, condado de Galway, en los años 90. Podéis leer un interesante reportaje acerca de su estancia en Irlanda aquí. La cuestión es que aquellas fotos me impactaron mucho en su día, y hete aquí que con la excusa de la voz de la niña Kaylee Rodgers he buscado y encontrado muchas de las fotos de aquella serie que en su día me encantó. Espero que os gusten también y que esta canción sirva para desearos Feliz Navidad y para recordar un poquito también al bueno de Leonard ;-)

Todas las fotos son, obviamente, de Jock Sturges






















7.12.16

El valle perdido

Es curioso cómo ha cambiado el perfil del explorador. En tiempos, el explorador viajaba a singulares y lejanos parajes, fuera de toda civilización, para (creo yo) entre otras cosas salir de su mundo conocido y descubrir lugares que ningún otro hombre 'civilizado' hubiera pisado antes.


Hoy en día, da igual dónde viajes, el mundo está completamente colonizado y todo aquello que merece la pena verse está literalmente tomado por el turismo y más concretamente por el turismo de masas. Es entonces cuando el explorador tiene que cambiar algo su perfil, y, en lugar de irse lejos a buscar la aventura de lo nuevo, debe buscar en los rincones más cercanos para encontrar esos remansos de paz, esa falta de civilización, esa novedad que es nueva en tanto en cuanto nos olvidamos hace ya tiempo de ella.


A unos 30 km de Huesca comienza el valle de Nocito. Pocos lo conocen, pocos lo transitan. Hay que ir de propio, no se va a ningún otro lado por ahí. Es explorar por el placer de explorar, descubrir por ejemplo la cara norte de Guara - la sur se ve desde mi habitación en Huesca - todopoderosa y permanentemente ahí donde mires durante todo el día. Visitar la ermita de San Úrbez, un lugar casi mágico a los pies de la montaña. Seguir el curso del río Guatizalema y no encontrar a nadie durante un día. Sumergirte en  la auténtica España vacía.


Y comer o dormir en casa Ortás para redescubrir el placer de la comida casera de siempre. El lujo de lo olvidado. Un valle perdido y encontrado. 

Con más fotos en la mini galería Lost Valley

28.11.16

Flash-mov

Voy llevando entre la gente que me rodea la fama de gruñón. Por ejemplo, todos los semáforos de Zaragoza se conjuran siempre en mi contra (no es difícil, por otra parte) y me pego quince minutos disertando sobre tan interesante tema ante los pobres que pille cerca. O bien después de llevar a la familia al monte y hacerles aguantarme haciendo fotos un par de horas, me doy cuenta que dejé la cámara con un paso de subexposición del último día, y que han salido todas las fotos mal, y no paro de quejarme en las siguientes n horas.

Pero lo de ayer fue tan fuerte que os lo tengo que contar (entre otras cosas porque me puse tan pesado que me recomendaron que me callara-ya-del-tema). Para colmo, está relacionado con la fotografía. Veamos. Un servidor va con unos amigos a ver un espectáculo sobre la historia del tango. Un espectáculo maravilloso, por cierto, pero no va de eso el tema. El tema va de que parece que la gente ha aprendido que tiene que quitar el sonido del teléfono móvil, pues entiende que molesta a los artistas y al resto de espectadores, como es obvio, pero a nadie le parece que moleste a nadie que se hagan fotos al espectáculo ¡con flash!



Una cosa he de deciros: casi todos los que hacían fotos eran personas de edades superiores a 70 años (o eso me parecía a mi) lo que me indica que la revolución digital ha llegado ya a todas las edades y que la famosa brecha digital es ahora una leve grieta. Ya me molesta que, al principio de que empiece el espectáculo, y cuando apagan las luces, haya como un 50% del público que no ha apagado la pantallita y está mirando los últimos wassaps. Bueno venga, que los van a apagar pronto. Aguanta, gruñón. Pero es que un señor a mi derecha, dos décadas y cuatro asientos más allá, ¡tuvo el teléfono encendido toda la actuación! Que digo yo que lo dejaría cargando la tarde entera. De vez en cuando hacía fotos. Él y cuatro o cinco personas más. 

En cada foto, además de la pantalla que ya despista de por si, sale el flash del móvil de la siguiente manera: apretar y se enciende un led blanco y asqueroso para enfocar. De repente se apaga y en un segundo aparece un 'flash' que es el LED pegando un fogonazo mientras se hace la foto. Yo no soy de decirle a nadie que con ese flash, a 15 metros del escenario, que le da igual que se encienda que no. Y, francamente, mejor que no se encienda pues la foto como que empeora sin igual con semejante fuente de luz.

Pero nuestros amigos no se enteran, no quieren o directamente no saben quitar el flash, por lo que cada nuevo número teníamos nueva sesión de fotógrafos. Que digo yo que cómo han vivido hasta ahora sin móviles, pero que no me meto con su pasión fotográfica, sino con su falta de respeto hacia los demás por usar el flash en un espectáculo, que a mi me molesta más que el sonido.



En el momento más bello del espectáculo, en la más bonita canción (cómo cantaba esa mujer), una señora en la quinta fila decide hacer un video de la canción entera, por lo que enciende su móvil, molestando con la pantalla a los que estábamos detrás, y, cómo no, se enciende el flash que incide sobre las nucas de todos los que tiene delante en los siguientes dos minutos y medio. 

Después repetiría el proceso a la par de con el que parecía su marido el cual portaba otro móvil, aunque en honor a la verdad diré que el hombre no tenia el flash encendido, creo que más por desconocimiento que por respeto a los demás.

En fin, que ya me he descargado con vosotros. Los teléfonos móviles y sus cámaras, una maravilla, cada vez mejor. La utilización del cacharro, cada día un poco peor. Y yo, con la edad, cada vez un poco más gruñón.





19.11.16

Superfake


La otra noche tuvimos superluna. No es que fuera mucho más grande (dicen que sólo un 14% más!) pero es cierto en cualquier caso que, con su 30% extra de brillo estaba preciosa. Un servidor sacó su teleobjetivo (200mm) y, utilizando medida spot al centro, consiguió este resultado:


La foto es un recorte de la foto original de 24 megapíxels a prácticamente un megapíxel. Con eso quiero decir que el 200 mm aún se quedaba bastante corto para obtener una imagen impactante de la luna. La foto original era algo así (repito, con un teleobjetivo de 200 mm)


Mirando el EXIF de la foto, se tiró a 200ASA, f5.6 y 1/500s de velocidad. Para los que no tengáis gran idea técnica, eso significa una foto en pleno día nublado, es decir, con bastante luz. Esta es la razón por la que si uno hace una foto a la luna y trata de que se le vea algo del entorno, la foto queda algo como esto:


Sí amigos, la luna está completamente quemada y se ve como algo pequeñito en la foto (me atrevería a decir que la foto que he puesto está tomada con un teleobjetivo pues con un teléfono móvil aun se ve más pequeña si cabe). Por eso, cuando veo fotos como esta, me echo unas risas:


Un familiar la envía diciendo que la ha hecho él. Claro, con un gran angular y la luna, del tamaño de Albacete, justo en la puntica de la torre central del Pilar y oye, qué bien que la luz de la luna (recordemos, 1/500s a f5.6) y la del Pilar (tengo una igual y necesité, para mismo ISO y apertura, 1/2s, es decir 8 pasos) coinciden perfectamente. 

Sabiendo esto, podemos ver montones de fotos más que nos quisieron hacer pasar como reales cuando se trata de fotos fake hechas recortando la luna en una foto como la mía (superfácil con photoshop) y luego pegarla encima de otra foto. Mirad:




La de la luna enorme es la madre de todas las superlunas fakes del mundo. Apareció como luna hecha en las Canarias, y es que hasta se ve que hay luz entrando desde la izquierda e iluminando algo la escena. Para darle más realismo, han recortado un poquito la luna en su parte inferior izquierda, y de hecho dio el pego a mucha gente. De todas formas a la gente le encanta ver fotos de este estilo, y de hecho se venden muy bien en stock... He decidido hacer mi propia foto fake, así que he pillado una foto mía nocturna y le he puesto la misma luna que fotografié la otra noche: 


Fácil.

Ahora bien, no todas las fotos son fake. Cuando la luna está justo saliendo del horizonte, está muy poco iluminada (de la misma forma que el sol se puede mirar cuando se pone) y en ese caso, algo más de luz ambiente y luna menos iluminada, sí que podemos hacer fotos chulas, siempre y cuando dispongamos de un teleobjetivo en condiciones (por encima de 300mm). Así sí:






Por tanto, amigos, si queréis hacer una foto de la luna, en cualquier caso, superluna o no, y no tenéis un cojoteleobjetivo la vais a sacar pequeñita y quemada. Sobre todo si la tiráis con un móvil. Pero vaya, es cuestión de ser imaginativo...