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El sexto sentido

A veces veo caras. No es por mi, creo. Tiene que ver con que los humanos hemos desarrollado un cerebro que responde rápidamente cuando aprecia dos círculos y una pequeña línea debajo de ellos. Un cerebro que ha sido moldeado durante milenios para reconocer una cara lo antes posible.

He descubierto que ese efecto tiene un nombre: pareidolia. Ojo, la pareidolia no tiene que ver sólo con caras humanas, puede ser que también veas cosas reconocibles como, yo qué sé, un pollo.

Y es que la suma de diferentes elementos puede hacernos ver espíritus, caras, animales o narices donde sólo hay un grifo o una nube.

Pero realmente lo que me fascina es el reconocimiento de emociones en objetos cotidianos como una fregona o un bolso. No me digáis que un bolso enfadado no tiene un punto a su vez gracioso. Una mezcla de emociones que al bolso no le hace ni puñetera gracia.



Curiosamente, pensaba que los frontales o traseras de los coches darían juego, pero no. Lo que realmente dan juego son las casas.




E…

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